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Tirándole a la vida con Juchirap, representantes del rap en zapoteco.


Texto: David Alvídrez | Fotografía: Gema Moreno



Lo que sería solo una entrevista en el lobby de un hotel, se tornó todo un día de rap. El pasado 12 de mayo ElBlok realizó una entrevista a Juchirap, proyecto de rap en zapoteco conformado por Antonio Sánchez de 24 años, Cosijopii Ruíz y Lenin Pacheco de 22, oriundos de la Séptima Sección de Juchitán, Oaxaca, municipio binnizá (“gente nube”) del Istmo de Tehuantepec. La cita fue previo a su soundcheck. Por primera vez se presentaron en Cholula como parte del Festival 5 de Mayo, en el que tuvieron la oportunidad de compartir escenario con el poblano Karma Dhiluz, LNG/SHT y La Banda Bastön.


Una noche antes se presentaron en la Terraza Pulkito, lucían desvelados pero emocionados. Tony contó que antes de conformarse Juchirap en 2014, los tres tenían sus propios rollos en la música, hasta que congeniaron sus gustos por el hip-hop y sus inquietudes por rapear en diidxazá (“palabra nube”). “Nos dimos cuenta de que lo que queríamos era difundir nuestras canciones y nuestro rap para que lo conociera más gente”. 

Al cuestionarle sobre la dificultad y la emoción de rapear en su lengua, aseguró que, como en Juchitán se habla el zapoteco, la idea del proyecto es comunicar y “ser la voz de mucha banda”. “No fue difícil [sino] algo natural y genial. Si queríamos comunicarnos con los juchitecos, teníamos que hacerlo de forma que lo entendieran, por eso fusionamos el zapoteco y el castellano”. 

Con respecto al movimiento del rap en este municipio istmeño, Lenin aseguró que, como en México y Latinoamérica, les “llegó el boom” por lo que está en crecimiento. “Antes de nosotros ya había un movimiento de rap en Juchitán, pero no se había visibilizado, quizá porque estaba estigmatizado como un género vulgar y banal” por las temáticas que manejaban: drogas y armas, principalmente. 

Recordó que en sus inicios, buscaron presentaciones en escuelas, pero directivos y maestros los rechazaban. Sin embargo, luego de escucharlos, las puertas comenzaron a abrirse solas. “Ha ido cambiando la concepción del rap en Juchitán y eso nos benefició. Ahora, si hablas del rap, es muy difícil tener una sola idea, pues es un género moldeable con el que se puede hacer cualquier cosa”. “El rap pertenecía a un solo sector muy cerrado, al menos en México, que poco a poco se ha ido abriendo y ahora hay muchas propuestas, la nuestra es en zapoteco. El género se fortaleció y nosotros junto con él”, puntualizó. Pese a que un amigo les dijo que al hacer rap en diidxazá su público iba a ser pequeño, su propuesta bilingüe los “ha llevado a rapear a diferentes ciudades del país y a ser escuchados en todo el mundo”.


¿Qué fue lo que hizo que Juchirap pudiera escucharse fuera de Juchitán? La constancia, respondió Jopii; la fuerza y la energía que le metimos al proyecto, añadió Lenin; Tony ahondó en que el sentimiento que transmiten no es algo efímero, “que explote y ya”, sino que está basado en la experiencia: “si no lo vivimos, no lo escribimos ni lo cantamos. La experiencia nos dota de un sentimiento puro que permite a otra gente identificarse con nosotros”.
En Juchitán existe un anclaje de identidad étnica muy fuerte, como ejemplos Natalia Toledo e Irma Pineda en la poesía y Francisco Toledo y el Colectivo Chiquitraca en la pintura, ¿cómo influye esto en Juchirap? Meditaron un poco y Tony respondió: Las personas que mencionaste nos han motivado e inspirado, es un orgullo saber de otros juchitecos que hacen cosas en el mundo. En mi caso, mi madre me inspiró mucho, y a ella su abuela, y ojalá nosotros podamos inspirar a otros. Nuestros abuelos nos dieron la raíz de siempre ser justos con lo que hacemos y de hacerlo con gusto. Además, siempre estamos buscando qué hacer, sin importarnos lo que el resto diga, por lo que nuestra hiperactividad, el arriesgue y las ganas de querer hacerlo también influyeron.
La camioneta que los trasladaría a Cholula llegó. Nos invitaron a acudir al soundcheck. Durante el camino hablaron de Juchitán y sus tradiciones: la gastronomía, el calor, las Velas y la vestimenta. Pese a que comienzan a acostumbrarse a viajar para presentar su proyecto, no dejan de extrañar su lugar de origen. De Puebla les gustó el clima fresco, pero no del todo las cemitas, siguen prefiriendo las tlayudas.

¿Ha sido difícil presentar su propuesta en zapoteco fuera de Juchitán? “Creo que no –dice Lenin–, en cada lugar hay públicos diferentes. En una canción hablamos del público difícil que no aplaude, pero no hay pedo. Empezamos desde abajo, en quince años, kinders y canchas deportivas, también hemos pisado escenarios grandes, pero siempre con las mismas ganas. Con el simple hecho de rapear nos sentimos a gusto, esa es nuestra idea: si ya estamos aquí, así sean dos, tres, veinte, cien, mil, con que uno se lleve algo de lo que transmitimos, valió la pena. Venimos a sembrar semillas y a ver cuántas florecen. Hasta ahora no creo que hayamos tenido un mal recibimiento fuera de Juchitán, lo difícil siempre es la primera canción”.
Juchirap se ha presentado siete veces en la Ciudad de México y otras tantas en la capital oaxaqueña; el pasado 8 de mayo rapearon en el Festival Internacional de la Imagen en Pachuca, Hidalgo; y con este concierto, es la segunda vez que se hacen sonar en Puebla.

Hasta el momento, no cuentan con un disco “en forma”, pero en Spotify podemos disfrutar de varios sencillos, como “Amanece”, “Biniibi’ l’cu”, “Raparua”, “Solo vive” y “Mi gente”. Sin embargo, para el próximo agosto planean contar ya con su primer álbum, bajo la producción de su también dj, Gabriel Cabrera. “Apostamos a que la experimenalidad defina nuestro propio sonido –aseguró Lenin–, algo que suene a rap pero que te haga decir son Juchirap. Actualmente le metemos beats de trap, salsa, cumbia y mambo a nuestras canciones, también Jopii le mete el saxofón y la jarana, y seguimos en la búsqueda de ser más universales”.

También tienen en mente la realización de un taller de rap en zapoteco con el fin de enriquecer su proyecto. La tirada es explicar la cultura del rap, la cultura zapoteca y la conjunción que hacen con ambas y así crear nuevas alternativas para fomentar el diidxazá. Como decía René de Calle 13: con una persona que lo escuche ya empieza a cambiar el mundo, remató Lenin.

Sobre los demás proyectos de rap en zapoteco, Tony aseguró que están bien y que “hay mucha banda” que lo hace. “No lo vemos mal porque nosotros empezamos a hacerlo para valorizar nuestra cultura; no sabíamos zapoteco e hicimos rap para aprender y transmitir nuestra lengua. Si nosotros mismos no nos respetamos, ¿cómo nos van a respetar los demás? En México y en Juchitán existe un desequilibrio en contra de nuestras raíces, por eso es que nos colocamos de este lado de la balanza, para equilibrarnos y sentirnos bien. La vida es una lucha, porque tenerlo todo es aburrido, mejor hay que hacer algo y disfrutarlo, y es a lo que le estamos tirando”.

La presentación de Juchirap fue bien recibida por los públicos poblanos y cholultecas, a quienes hicieron reverberar cabezas y disfrutar la palabra nube en rap a cambio de aplausos, chiflidos, y hasta más canciones pidieron. Al bajar del escenario, Tony, Lenin y Jopii recibieron felicitaciones, se sacaron selfies, les pidieron sus redes sociales y se prepararon para disfrutar a los demás talentos.



¿Qué sintieron tras haber compartido escenario con LNG/SHT y La Banda Bastön? “Es chido porque se rompe el esquema del rap –dijo Tony–, no estamos en contra de lo que el género representa, pero nos gusta que nos den la oportunidad de mostrar nuestra propuesta, aunque la etiqueta de ‘rap indígena’ no nos guste. No debería haber etiquetas, no hay rap en inglés, rap en castellano o rap en zapoteco, todo es rap”. “Es un logro desbloqueado, porque antes cómo es que iba a haber rap en zapoteco con La Banda Bastön”, añadió Jopii. 

Finalmente, se les preguntó sobre su relación con el diidxazá y obtuvimos tres historias diferentes. Tony lo aprendió porque su familia y amigos lo hablan, pero su madre no quería enseñárselo por la discriminación que sufrió, “ella se espantó y no quería que pasáramos lo mismo”. Lenin nació y creció en Oaxaca hablando castellano, pero cuando tenía seis años vivió un año en Juchitán y memorizó todas las palabras y groserías en zapoteco que pudo; regresó a los catorce años y tuvo la inquietud de aprenderlo, al grado que, luego de ocho años, se asume como binnizá, “y me siento bien con ello”. Jopii aprendió el zapoteco desde muy pequeño, ya que toda su familia lo habla y porque su papá impartió talleres de música, canto, teatro y danza regional; a muy corta edad ocupaba canciones en su lengua para escribir cuentos y dijo que le es más fácil escribir en diidxazá que en castellano; actualmente imparte talleres de música prehispánica, enseñando a otros a tocar el caparazón de tortuga y la flauta, esperando inspirar a muchos jóvenes. Entre las influencias directas de Juchirap destacan a Calle 13, Vico C, La Banda Bastön, Nach, Residente, Tego Calderón y Simpson A Huevo, aunque escuchan música de todo tipo, y su tirada es llevar la palabra nube bajo la modalidad del rap al mayor número de oídos posibles.


Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a Luis García, mánager de Juchirap, por todas las facilidades otorgadas para la realización de esta entrevista, y a Gema Moreno por compartirme parte de su trabajo para vestir este texto.

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