Header Ads

El grito en el montaje PARTE II

Por Ariadna Chávez


Sergei Eisenstein propuso la sustitución del concepto de plano por el de fragmento (lugar de residencia de elementos como luz, movimiento, contraste, duración, que son combinables de acuerdo con principios formales). En un primer momento abogó por una teoría del conflicto, y posteriormente, se inclinó por un montaje polifónico. Para Eisenstein el montaje debía ser colisión, conflicto, que con la llegada del cine sonoro haría posible un enfrentamiento óptico-acústico que permitiría una cuarta dimensión fílmica, oponiendo a los conceptos de oigo, veo, el más específico de siento (Tarín, 2014). 

En sus primeros largometrajes, Eisenstein aspiraba a “modelar” al público mediante lo que él llamaba “cine-puño”. Adaptó para la pantalla el procedimiento del montaje de atracciones que había experimentado en teatro bajo el influjo de su maestro Meyerhold y en el marco de sus espectáculos “agit-prop”. Quería desencadenar una violenta emoción en el espectador uniendo imágenes poderosas, a priori sin vínculo contextual, sin relación narrativa a lo que denominó montaje de atracciones. En 1945 escribió: “Si en esa época hubiese conocido mejor a Pavlov, a eso lo habría llamado teoría de los estímulos estéticos” (Martin, 2002). 

Retomando el texto de V. I. Pudovkin La técnica del cine y el actor en el film, acerca de su teoría de montaje constructivo, Pudovkin afirma que una escena gana eficacia relatada a través de series de detalles procedentes de su misma acción. Eisenstein se opone plenamente a esta idea. A su juicio, describir mediante simple acumulación de detalles es una de las formas elementales del montaje. En vez de ligar planos en una secuencia de desarrollo continuo y normal, Eisenstein sostenía que la auténtica continuidad cinematográfica debe surgir de una serie de choques; cada transición debería plantear un conflicto entre dos planos, creando así una impresión nueva en la mente del espectador. La yuxtaposición de dos planos unidos es más una creación que la simple suma de un plano más otro. 

Para Eisenstein el montaje no busca justificación realista de ninguna clase: se basa en una poderosa y áspera voluntad de expresión. “Una película de Eisenstein se asemeja a un grito, una de Pudovkin evoca un canto” como dijo con acierto León Moussinac (Pinel, 2004). 

El montaje es pues, el arte de expresar y de significar mediante la relación de dos planos yuxtapuestos, de forma que esta yuxtaposición haga nacer una idea o exprese alguna cosa que no esté contenida en ninguno de los dos planos tomados por separado. El conjunto es superior a la suma de sus partes (Eisenstein, 1974). 

Este aporte es esencial en el cine, pues da vida y fuerza a la acción, al contenido y al tema. Cabe añadir que Eisenstein toma también como base trabajos realizados por su compatriota y contemporáneo Lev Kuleshov (el denominado efecto Kuleshov); y gracias a ello, el montaje pasa de dirigirse solamente a la emoción, a un proceso más complejo de pensamiento: el montaje intelectual. 

Como se puede apreciar, Eisenstein ha sido una piedra angular en la historia del cine, ya que sus aportes teóricos y prácticos han servido y sirven de referente para comprender la importancia del montaje a las nuevas generaciones de cineastas. 

No hay comentarios.

Con tecnología de Blogger.