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Nostalgia experimental: la propuesta de Arquetipos.

Texto: David Alvídrez
Fotografías proporcionadas por Arquetipos


¿Recuerdas qué hiciste el 11 de noviembre de 2011; aquel mítico 11 11 11? Entre los miles de millones de sucesos que tuvieron cabida, en la colonia Ciudad Judicial de Puebla se consolidó un proyecto musical genuino: Arquetipos. 

En la numerología el 11 es considerado un número maestro: el número de las revelaciones y de ‘acceso a planos superiores’. Especialistas aseguran que su mensaje es ‘escuchar y confiar en tu voz interior’, una ‘maestría propia’ que se alcanza a partir del conocimiento, la aceptación y el amor propios, haciéndonos sentir ‘sostenidos por el Universo’. 

Por tanto, el 11-11 es una señal para establecer ‘un momento de conexión, sincronicidad y conciencia con nosotros mismos’. Algo que sucedió con cuatro vatos que comparten una melomanía, el gusto por un instrumento y la convicción de crear y decir algo con su música. 

No hablemos de géneros porque me vería en la forzada necesidad de encasillarlos en el rock fusión. Lo que escucho en Arquetipos es una propuesta –muy propia– que parte de su apropiación del rock y el blues, el jazz y el funk, y líricas nostálgicas muy cercanas al bolero. Un bajo propositivo, una batería que late y buenas armonías entre guitarras y voces.


La banda se compone de cuatro vatos que han dedicado al menos la mitad de sus vidas a la música, en muy diversas experiencias, y que en Arquetipos logran hacerse un solo sonido. Te cuento por qué.

A finales de 2018 realicé una entrevista con tres de los integrantes. Pablo León (en la batería; a los 13 comenzó a tocarla y su banda favorita es Kiss –fue capaz de volarle un álbum a su jefe–), Antonio Ortiz (se formó en la rondalla de una prestigiosa escuela pública, boteó por años y siempre ha tenido la necesidad de decir algo, y lo hace componiendo; además es la segunda voz) y Alejandro Tort (bajo y armónica; a los 12 tuvo su primer bass y su primera insipiración fue Motörhead, también tiene una debilidad por el jazz). 

Por cuestiones personales no pudo llegar a la cita Jorge Díaz, el vocalista de la banda y encargado de la guitarra rítmica. Dentro de lo recabado en las preguntas, él también se formó en la rondalla –con Antonio– y compone. Su voz es inusual en la escena local y su interpretación es la idónea para el proyecto. Esto, porque uno de los objetivos de Arquetipos es contar historias, muchas de ellas personales; y cuando no lo son, buscan decir cosas con sentido o que se inclinen a la reflexión. Buscan generar música que acompañe a sus letras: cuidan lo que dicen, admitiendo admiración por casos como Fito Páez o Jorge Drexler. Además, Antonio, Alejandro y Jorge son lingüista, antropólogo y filósofo, respectivamente.


En la experiencia que han generado en esta banda, han pisado tres veces un estudio y han tocado en los escenarios de la Feria Internacional de Lectura (Filec), del Festival Tamalista, de la Fiesta de la Música y del Cholula Rock Fest, además de otros espacios culturales, bares y fiestas. 

Su primera experiencia en estudio fue casera y amateur, y grabaron tres canciones; la segunda vino en 2014 en el Estudio Kitsch, el resultado fue El juego de la Quimera (Instrucciones para armar un arquetipo). Ese mismo año ganaron un concurso del estudio Hyper Records, por lo que grabaron el bonus track Nostos (regreso en griego). 

Los entrevistados coincidieron en que estas experiencias fueron harto nutritivas para la banda, incluso para conocerse más en lo personal; a reconocer errores y comprometerse más con el proyecto. 

En 2017 grabaron el álbum Kairòs (momento oportuno en griego) en la Fonoteca Vicente T. Mendoza de la Casa de la Cultura de Puebla. Éste lo consideran el primer disco del proyecto por todo lo que implicó llegar a él: madurar, en palabras de Toño: entender que una banda es algo más que tocar y grabar. La edición de Kairòs fue artesanal, pues los vatos armaron cada caja. En esta experiencia añadieron lo visual a su proyecto de la mano de Ediciones Gallo y No Te Va Gustar. ‘Ellos nos plasmaron visualmente: el logotipo, en stickers y nos ayudaron con el fanzine’, dijo Pablo.


Además, en el sexto aniversario Arquetipos publicó un fanzine que incluía la letra de las nueve canciones que componen Kairòs. Actualmente, ‘queremos armar un proyecto en conjunto: música, publicación y arte’, añadió Toño. 

Cuando les pregunté sobre el 2019, Alejandro dijo que será un año de trabajo, de ‘retomar la composición. Han pasado dos años desde Kairos, entonces hay muchas cosas nuevas en nosotros’. Sabiendo lo que implica la producción de un álbum, ya no están ansiosos, pero esperan a finales de año lanzar canciones nuevas.
Antonio sentenció: Arquetipos ahí anda aunque no nos vean. Y Pablo te mandó la invitación a seguirlos en redes sociales y a dejarse sorprender. Kairòs está disponible en Spotify y hay varios vídeos en las redes.


Y cuando les pregunté qué es lo que hace que sigan juntos. Pablo responde que ‘los cimientos son el amor a la música y la amistad. Todos queríamos algo como lo que tenemos ahora y todos queremos más. En siete años aprendimos a compartir y tolerar, y la amistad ha sido referente para que Arquetipos prevalezca. Todos queremos estar aquí y todos hacemos lo que debemos hacer para estar aquí’.

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