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Aprendiendo a olvidar con Silvana Estrada.

Texto: David Alvídrez | Fotografías: Claudia Crespo



En diciembre de 2017 escuché a Snarky Puppy en el Metropólitan. Todo el concierto fue memorable, pero aquí destacaré a su invitada. En una de las pausas que Michael League hizo para interactuar con el público, pidió un aplauso para una cantante veracruzana. Entre la bulla fue lo que escuché.
¿De Veracruz? De momento pensé en Natalia Lafourcade. No era. La invitada apareció en el escenario con un cuatro venezolano y una sonrisa nerviosa. Al lado de Michael, se veía pequeña, pensé.
Cruzaron saludos y abrazos para luego interpretar “El agua y la miel” y “Milagro”. Las dedicaron a las desaparecidas de México e hicieron un llamado al respeto a la vida de la mujer y el hombre por igual.


Su voz y su interpretación me engancharon. En la primera oportunidad saqué el celular, abrí notas y escribí un nombre. No recuerdo exactamente cuál, pero agregué “invitada de los Snarky”. 
Al concierto fui con Claudia y Gus. Al comentarlo, coincidimos en que la invitada se había rifado. ¿Cómo dijeron que se llama? Así. No, yo recuerdo que así. Yo anoté tal nombre. Soltamos ideas incorrectas e internet nos dio la llave a una nostalgia musical: Silvana Estrada. 
Hija de músicos –contrabajista y clarinetista– lauderos, Silvana creció cantando y tocando. En una entrevista dijo que su decisión de ser músico fue natural. A los dieciséis ingresó a la Universidad de Jazz en Xalapa. 

A los dieciocho la dejó para tomar clases de ensamble y tocar con Charlie Hunter, así como foguearse con Antonio Sánchez y Michael League. Mejor Universidad no pudo tener.


De vuelta a México se hizo un lugar en la escena indie. Cercana al colectivo Núcleo Distante, ha trabajado y colaborado con El David Aguilar y Ulises Hadjis, Love of Lesbian, Natalia Lafourcade y Mon Laferte, Caloncho y, de Puebla, con Timoneki. La lista es más larga… 

Musicalmente, Silvana explora el jazz y el son jarocho, lo electro y lo pop, para crear la atmósfera ideal que acompañe su talento como compositora, además cuenta con una voz que desgarra el alma. En lo lírico, es una cancionera que vuelve sus palabras música. El resultado es tan complejo como hermoso.


En 2017, con Charlie Hunter como productor y La ciudad de las flores (Alex Lozano y Octavio Álvarez) como banda, Silvana grabó en el estudio de Grown Up Music su primer álbum: Lo Sagrado. Diez bellísimas canciones. 

En 2018 lanzó diversos sencillos y trabajó en su siguiente álbum, co-producido con Daniel Zepeda de Daniel Me Estás Matando. 

Inició el 2019 con dos sold outs en el en el Café 19-40 de la ciudad de Puebla. Un espacio íntimo, ideal para su música, como dijo: para llorar a escondidas. Silvana, su cuatro y su público que, salvo los estrenos y adelantos, coreó todas sus canciones.


De su primer disco, Silvana Estrada interpretó “El agua y la miel”, “Porque existo”, “Los días”, “Detesto en mí” y “La despedida”; todas canciones emotivas. En sus pausas explicó el origen de algunas de ellas y admitió no tener miedo a ser cursi. 

También nos cantó sus sencillos más recientes: “Te guardo”, “Al Norte”, “Sabré olvidar” y “Tenías que ser tú” –no hubo mejor rola para cerrar su primera presentación–. 

Con su madre entre el público, Silvana compartió lo difícil y emocionante que le resultó hacer un cover de “Amor eterno” de Juan Gabriel. Yo que soy fan del Divo de Juárez, quedé fascinado con su recreación. 

También nos brindó dos adelantos, pero sólo recuerdo el tema “Marchitas”. Un buen tentempié para ansiar su nuevo álbum.


Su presentación terminó de imantarme a su melodía y a su estética vocal que me erizó la piel más de una vez; palpar con los oídos la pasión que pone a cada canción y la energía que inyecta para olvidar, “algo muy simple, y a la vez lo más complicado que existe en el Universo: soltar”, fue sanador.

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