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Tejiendo comunidad.

Por: Ana Sofía Ortiz Andrade
Fotografía: Daliri Oropeza


“Tejer en telar de cintura es volvernos una extensión del árbol” 
Mariely

Pareciera que el arte de tejer se ha vuelto una actividad cotidiana y para todas las edades; antes se pensaba que tejer era un trabajo únicamente para las mujeres mayores, para las madres o las abuelas, ahora tejer se considera inclusive un acto terapéutico o de rebeldía. 

Durante años la humanidad ha buscado maneras diferentes de crear textiles, y no solamente para cubrirnos del frio, sino también como medio de expresión y de relato histórico. Me parece increíble la manera en la que nuestros antepasados se las arreglaron para construir los primero telares, una magnífica herramienta sumamente rudimentaria, cuya belleza está en la practicidad y sencillez: el telar de cintura. 

Hace algunos años que llegó a mi vida este conjunto de piezas de madera, que más que enseñarme una nueva técnica de tejido, me ha mostrado una manera diferente de ver la vida y la manera en la que nos desarrollamos en ella. 

El telar de cintura simboliza para las comunidades indígenas, una cosmovisión que respeta la naturaleza, que se relaciona con los seres vivos que nos rodean en armonía y con sutileza. Existe una leyenda que me gusta compartir que dice que la luna bajó por un árbol para darle a una mujer trozos de madera y que con ellos construyera el primer telar para vestir a su familia y contar su historia mediante bordados y deshilados. La conexión que encuentro en este relato o en otros de diferentes partes del mundo, tiene como principal factor el de la madre naturaleza y la propuesta sustentable de convivir con el entorno. 

Tejer en telar de cintura significa dejarte llevar por medio de repeticiones y conteos simultáneos, mientras observas cómo de tus manos y de las fibras va naciendo algo, una pieza única textil, que entrelazándose da comienzo a una nueva historia. 

El tejer en telar de cintura nos enseña de la paciencia el arte de crear y de valorar lo más artesanal de la producción de bienes, nos enseña también la sabiduría de la naturaleza la cuál nos otorga lo necesario y justo para vivir y por último nos recuerda la importancia de los cuidados, la delicadeza del trabajo manual y la necesidad de encontrar un equilibrio y centro para reubicarnos en el mundo y ser conscientes del presente. 

En los últimos cuatro años he tenido la oportunidad de trabajar con un grupo de mujeres artistas del telar de cintura en Chiapas, junto con ellas hemos logrado diseñar una manera de compartir sus saberes con otras mujeres que viven en las ciudades de Puebla y Cholula, que se encuentran generalmente muy lejos de poder conocer esta técnica de tejido. Cada vez que realizamos los encuentros interculturales con el pretexto de enseñar el telar de cintura, se crean nuevos lienzos textiles, pero también nuevas redes solidarias, las mujeres se sientan a aprender a tejer, a contar sus vivencias y su amor por los hilos, los telares y las diversas formas de crear comunidad por medio de esta increíble actividad. 

“El telar me relaja, cuando me pongo a tejer ya nada me preocupa”, dice Juana. 

Estas experiencias interculturales y colectivas en conjunto con mujeres indígenas y mestizas, contribuyen a crear algo nuevo y diferente en relación a la vida y la forma de relacionarnos entre seres humanos, que finalmente somos iguales, respiramos el mismo aire y nos sentamos sobre el mismo suelo, y a pesar de que nuestras culturas son distintas, vale la pena detenernos unos instantes de esta vida acelerada, a observarlos, apreciarlos, festejar las diferencias que nos enriquecen como sociedad y tejer juntas un futuro esperanzador. Para mi, este futuro se vislumbra bajo la propuesta de ir tejiendo comunidad.



Lachikadelmaiz
Instagram y twitter: @lachikadelmaiz
Fotografía principal: Daliri Oropeza – Twitter:@Dal_air

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