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¡La Guacharaca transnacional por primera vez en Puebla!

Por: David Alvídrez
Fotos: La María



El sábado desperté tarde pero activo. Dentro de mis rituales de cada mañana está el poner música, y no dudé: lo primero que sonó fue el Frente Cumbiero, consciente de que por la noche los escucharía. Ansiaba escucharlos, ahí la emoción. Me los había perdido en el Bahidorá pasado, donde, por si fuera poco, tocaron con el Mad Pro. Nefasto, lo sé.

Hace seis años que los escucho. Los descubrí en la Sierra Norte de Puebla, durante un viaje con amigos. Una estancia dura en fiesta. Moríamos al interior de una casa de campaña por la cruda, cuando el sacerdote de aquella bizarrez nos colocó en los puntos cardinales e inició una tremenda fumadera. En el clímax le dio play a Analógica. Bomba Estéreo, pensé, pero sólo era Li Saumet aportando su hermosa voz. Durante el resto del viaje no paramos de escuchar esa rola. Días después el torrente me facilitó el álbum completo y me estalló la cabeza. Aún lo hace.

Volviendo al sábado, en la primera oportunidad, repetí parte de la ofrenda que les conté: fumé y puse el Frente Cumbiero Meets Mad Professor (¡disco que se grabó en tres días!) a un volumen considerable. Inicié por los remixes en dub. Le hablé al sacerdote bizarro para saber si le caería al toquín. No iría, ahora es casado y sus ritmos son otros. Aseguré disfrutarlo por ambos y colgué. Las versiones originales de este disco son cumbia y sazonaron la pacheca. Caía en la duda sobre si presentación, si sería la banda o un dj set. Para fortuna de los que asistimos, lo primero.


El spot, que se está volviendo icónico del centro, quedó pequeño. Desde que llegué hasta que me fui estuvo lleno. Lo que no evitó bailar en pareja. La primera sorpresa de la noche fue el haberme perdido la Cumbia de los ajos de Orihuela MSS, la segunda un audio saturado y la tercera los Copal Club.


Este proyecto es de los más nuevos en la ciudad, aunque sus integrantes no del todo. Y más allá de la edad, hablo de la experiencia. Pero eso ya lo leerán en otro post. Los sigo desde Humito de Copal (nombre que cambiaron por una rola de Lila Downs), pero fue la primera vez que los escuché en vivo. Rifan. Además, estrenaron trompetista, quien terminó de pulir el proyecto, siento yo. No temieron al experimentar con la cumbia, el drum&bass, el surf y la protesta.

Los Vachamata, que limpiaron la pista para el Frente, nos hicieron bailar en otros ritmos, cerrando su presentación con dos arreglos cumbieros bien buenos. Una cuarta sorpresa. Esta banda existe desde hace mucho –“hace 5,000 años” dijo su bajista–; la sigo desde hace 10 años y siempre que la escucho es calidad. Creo que como yo, muchos resintieron el cambio, pero fue agradable.

Al fin el Frente Cumbiero. La pista se atiborró. Y en el escenario Mario Galeano, fundador del proyecto (además de Los Pirañas y Ondatrópica, o sea, un genio reivindicador de la cumbia, el sacerdote de esta noche) con sus juguetitos digitales y un güiro que hizo sonar en momentos justos, Pedro Ojeda en las percusiones, Sebastián Rozo en el bombardino y Marco Fajardo en las cañas.

La exploración sonora inició con Chucusteady. Pensando en que su nombre remite a la guerrilla, se dejó sonar su cumbia: instrumentación en directo con cadencia y psicodelia. Muriendo de calor al interior del spot, como en aquella casa de campaña, era momento de iniciar el ritual. Fumamos y bailamos; bailábamos y fumábamos de nuevo. Sabía que no tocarían Analógica, pero no perdí la esperanza.


La cumbia del Frente Cumbiero es la expresión máxima de la tendencia actual, encabeza las experimentalidades que se han hecho con el género a nivel global, como la chicha en Perú, los Zizek y la folktrónica en Argentina y Chile, y la cumbia digital en México. En Colombia, donde irónicamente no hay mucho movimiento cumbiero, se halla otra variante como el electro-cumbé (Bomba Estéreo y Chocquibtown).

La cumbia que producen está para volverse locos. En sus composiciones recurren mucho a la improvisación, del corte del jazz contemporáneo, para luego hacer remates con ritmos de cumbia colombiana. Los metales no tuvieron madre. Y el jazz lo bailabas como cumbia y la cumbia como jazz. O solo estaba muy fumado o fue una presentación exquisita de principio a fin.

Siguieron más rolas y más bailes, de entre las que recuerdo Bestiales 77 y Cumbietiope (A las que sí les faltó el Mad Pro). Nadie paró de bailar mientras el Frente estuvo en el escenario. Para su cierre nos deleitaron con dos novedades: la Cumbia del asilo, que fue compuesta para la banda sinfónica juvenil del CECAMBA en 2006, mientras Mario Galeano realizaba una residencia en México (¡maestrazo!) y Sondiramá, track inédito que estrenaron en Japón, en donde se presentaron antes de venir a México.





Terminé harto complacido y agotado. El crew con el que fui necesitaba un respiro y más cervezas. Los comentarios fueron similares y las ganas de bailar despertaron gracias a la selección en vinilos del oriundo de Cholula, el Sonido Tiburón.

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