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La tendencia verde más allá de los likes.

Por: Denidenina
Instagram: @Denidenina
Fotografía: @crashysteria


Hoy en día la consciencia ecológica es una moda colectiva, que llegó para quedarse. En una sociedad donde todo se vende y se compra en el mercado, consumir se ha convertido en un acto político. Consumir define que planeta y que sociedad queremos, donde todo está a un click de distancia, y todo lo queremos lo más rápido posible. Y es que actualmente se vive una dualidad, o en mi caso en la hipocresía total, en el contexto en el que nos movemos, esta sociedad que apuesta con frenesí por el capitalismo salvaje y la globalización, ambos enemigos de la práctica ecológica.


Las campañas que existen son miles y todos tratamos de aportar con un granito de arena, como indignarnos cuando te traen tu bebida con popote o usar “faux fur” (textil de imitación de piel animal), pero que tal si queremos ir más allá porque amamos a los animalitos, pues #GoVegan es el siguiente paso en el amor por el planeta. Siendo que pueda manejar un tono sarcástico, la realidad es que todo esto si ayuda, y si tiene un efecto positivo en el planeta, pero ¿Será suficiente? ¿Es realmente este el único camino?.

La realidad es que cada acción que vemos como cotidiana tiene grandes consecuencias en nuestro planeta de las que no somos conscientes. Una moda y un concepto que crece lentamente, pero sin pausa. Porque los cambios se presentan en un mercado de productos más innovadores, más atractivos, incluso más eficaces, pero con fecha de caducidad cada vez menor. Y es que año con año no podemos quedarnos atrás con el nuevo iphone, con las nuevas pantallas o el nuevo producto de belleza que hace un año no existía y ahora es tendencia. Y es que, al guiarnos por la moda y la innovación, no nos aseguramos en que nuestros valores ecológicos estén alineados a los valores de las empresas que generan los bienes y servicios que consumimos. El consumo responsable busca la consciencia previa donde no solo exista un criterio de calidad y precio, sino que se incluyan criterios sociales y medioambientales.

La realidad es que fallar en el proceso del consumo responsable es ley y tomar consciencia de cada cosa que hacemos, es algo nuevo. Aquí algunas acciones que podemos tomar en cuenta: 



1.         1. Menos carne: Para cambiar el mundo talvez ser vegetariano no es para todos, pero optar por no consumir carne diaria es una aportación, no solo por el amor a los animales (que sería la acción directa y consciente) sino por todo lo que involucra en su proceso. Hormonas y antibióticos de crecimiento (por que la queremos rápido, claro), 150 litros de agua por vaca, 68 kilos de alimento, y una deforestación para cultivar el alimento que consume esa vaca que aportara a los 200gr de carne que puedes consumir en un día. Todo este proceso como responsable del 51% de las emisiones de gases del efecto invernadero, que afectan al cambio climático actual.

2.        2. Consume local: Podemos encontrar productos y alimentos orgánicos hechos en Asía o Europa como una opción más inteligente, pero la realidad es que el traslado de esos productos, llega a ser menos ecológico que el producto por si mismo. De igual manera consumir local no solo contribuye a la economía de pequeños productores, sino que son alimentos mucho más saludables, ya que han crecido de forma natural en los árboles o en el suelo sin necesidad de usar productos que favorezcan su rápido desarrollo al haber sido recolectados en su momento justo de maduración.

3.     3. Menos Marketing, más natural: Esto para los productos de belleza y cuidado personal. El marketing de las empresas nos vende muchos aspectos “pro- ecológicos” como aquellos “no testeados en animales”, por lo que lo consideraríamos como una primera opción, pero la realidad es que si algo necesitara ser testeado es porque dentro de sus componentes se incluyen muchos químicos, por lo que deja de ser la opción menos viable. Optar por productos naturistas, que no necesariamente te venden este eslogan, y que finalmente suelen ser mucho más económicos, aportando a una economía de pequeños empresas.

4.         4. Slow Fashion (moda lenta): las tendencias de moda cambian con cada temporada, muchas vuelven y otras expiran muy pronto, al igual que la duración de la ropa. Actualmente la industria textil es la numero 2 como contaminante ambiental, y es que, entre mercados cambiantes, se escoge lo bonito y barato por sobre la calidad y durabilidad de una prenda. La moda lenta busca prendas de calidad como inversión hecha con materiales naturales y de un origen donde no exista la explotación laboral. Esto requiere un poco más de investigación de las marcas que uno suele consumir aplicando todos los puntos ya antes mencionados.


5.         5. Vestir lo  vestido: El punto anterior podría ser considerado como muy costoso, si es que buscamos materiales naturales y que al mismo tiempo incluya una cadena de producción corta y con precios justos. Pero la realidad es que ya existe muchísima ropa per capita en el mundo, al mismo tiempo de que se produce día con día. Llamemosle ropa de segunda mano, o sonemos más sofisticados llamándole “Vintage”, la realidad es que es una de las mejores opciones a la hora de vestir y de alejarnos del consumismo irresponsable.  


Podría llenar un artículo de miles de propuestas para lograr estos cambios, pero incluyo solo 5 de los que todos podemos tomar consciencia como “consumidores comunes”. La realidad es que todas las campañas que se viralizan en redes sociales son buenas propuestas, pero muchas de estas no suelen estar a nuestro alcance, por lo que nos “conformamos” con lo que se puede hacer, viviendo el ecologismo de sofá, cuando la realidad es que está en nosotros formar parte del cambio. Por mucho que se comparta miles de videos, de personas haciendo el bien y nos llenemos de amor y empatía, los cambios no se realizan con likes, y que la moda por la ecología vaya realmente más allá de las apariencias.

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