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Bricolaje: ¿las segundas partes nunca fueron buenas?.

Por: David Alvídrez aka "chaggo"
Instagram: c.h.a.gg.o


A la par de redactar este post, me entero que Rick & Morty tendrán ¡70 nuevos episodios! Es una locura catártica que, sé, compartirán todos aquellos que, como yo, tienen un gusto particular por las caricaturas para adultos –aunque no nos asumamos como tales– de corte futurista, ácido e irónico.

      No sé ustedes, pero hace cinco años que hubo un declive importante en la producción y continuidad de estas caricaturas –al menos en un sentido comercial–. Aclaro que no soy un gran conocedor ni crítico al respecto, pero hace un lustro finalizó Futurama y comenzó el declive en los contenidos de Los Simpson, ambas creación de Matt Groening. En la desesperación de vacío, le di una oportunidad a Padre de Familia, de Seth McFarlane, y no negaré que ayudó a sobrellevar mi depresión, pero en pocos episodios me di cuenta que no era suficiente. La experiencia no me permitió ver otras producciones de Seth, aunque Ted es divertida. De South Park, de Matt Stone y Trey Parker, no puedo hablar. No fue una caricatura que siguiera en su tiempo y cuando lo intenté fue demasiado tarde.


Terminé la licenciatura, fui abducido al sistema laboral y contraté Netflix hace dos años. Ha sido una salvación para mi ocio demandante, un escaparate tanto divertido como decepcionante. Meses después de haber contratado el servicio, Ángel Martínez, amigo y bloguero, me acercó a BoJack Horseman, de Raphael Bob-Waskberg. ¡Triunfo campal! Mi vacío comenzaba a rellenarse. Luego de dedicarle sesiones de cheves y pachequez en charlas profundas y enriquecedoras a un caballo antropomorfo que vive de sus triunfos pasados y que es un bucéfalo para enfrentar su presente personal y profesional –identificación inmediata en 3, 2, 1…–, Ángel tuvo la osadía de sentenciar, Y espera a que veas Rick & Morty, Cuéntame más, argüí, Está en Netflix, vela y me dices.


Ángel es uno de mis profetas contemporáneos. Me explotó la cabeza con la creación de Dan Harmon y Justin Roiland. Intentar reseñarla o recomendarla lo considero un rotundo fracaso. Estoy seguro que la mayoría de los que leen estas líneas la han visto y saben de qué hablo. Sólo escupí la emoción que sentí al enterarme que Rick Sánchez estará de vuelta en 70 episodios más, 70 nuevas aventuras, Rick & Morty 70 veces más… ¡Wubba Lubba Dub Dub!


Después de esta noticia, dudo mucho que importe el resto de mi escrito… Pero sí me lo permiten, volvamos al post. Siempre he compartido la idea de que las segundas partes no suelen ser buenas, pero que cada letra denote mi esfuerzo por mejorar Bricolaje. La contribución de este mes se desenvuelve en la continuidad de la generación de diálogos enriquecedores y en la construcción de un espacio de compartición; espacio que continuará siendo escaparate para el desorden cotidiano que me acompaña. Y sin más, los dejo con la segunda entrega.

·               ¿Qué escuchar? DAMN, de Kendrick Lamar
Afables lectores, algo deben saber de este escribano: es un melómano que no sabe nada de rap. Sin embargo, este disco le pateó las pelotas cuando lo escuchó. También deben saber que gusta de complicarse la vida: se aventurará a recomendar un disco que, sencillamente, el pasado abril ganó el Pullitzer. Galardón que, por primera vez en su historia, es entregado a un género que nada –o poco– tiene que ver con el jazz y con la música clásica. DAMN, de Kendrick Lamar, considerado el mejor MC del momento, desde su lanzamiento no ha hecho más que obtener críticas favorables que lo dirigen a ser uno de los mejores discos del año y de la década.

      Me es prudente mencionar que mi melomanía, la de un músico frustrado, ha estado centrada en las cualidades musicales de las canciones que escucho, y pese a que trato de mantener una apertura, soy humano, cuento con un sinfín de sesgos músico-culturales que me han inclinado y limitado hacia ciertos géneros y las experimentalidades que de ellos hacen ciertos autores. Ahí entra Kendrick Lamar, de quien sólo había escuchado To Pimp a Butterfly (2015), hibridación del rap con el funk, el jazz y lo que algunos han tenido a bien llamar neo-soul. Reconozco no haber escuchado más de él, pues suele correrse el riesgo de perder el encantamiento. Sin embargo, DAMN me refleja una evolución que vale la pena escuchar.

      Tras estos dos discos, me aventuro a escribir que Lamar es una reinvención constante, de la que DAMN, como su nombre dicta, es un disco dotado de intensidad iracunda que echa mano de la hibridación musical, sobrepasando lo atrevido. Además de lo musical, Kendrick recalca algo: es una bestia tirando rimas, orientadas en este material a vislumbrar su naturaleza humana, de la que todos tenemos una pizca. Descubran la suya a lo largo de las 14 canciones que lo componen y que otorgan un viaje de 55 minutos al ghetto de su preferencia.

      DAMN es una joya que debe ser escuchada en repetidas ocasiones de principio a fin. Las variaciones estilísticas que musicalmente presenta, son tan ricas y bien producidas que mueven hasta aquellos que no somos enciclopedias de este género. Además del rap más puro –sin considerarme esencialista– que he escuchado, atrapa su intromisión al trap y al R&B, así como la gama de colaboraciones que contiene y esa espolvoreada de jazz…

      Sobre sus canciones, HUMBLE fue la primera canción que escuché en una aventura virtual por el YouTube, me enganchó por su fortaleza y crudeza; DNA refleja el orgullo por su herencia afroamericana en respuesta a críticas y racismos; LOYALTY (a dueto con Rihanna –exnovia de Drake, némesis de Lamar–), es una propuesta sensual, un momento de reflexión sobre la lealtad y la honestidad en una relación, un juego entre lo pop de una y lo salvaje de otro; LOVE (a dueto con Zacari), es una ventana al lado romántico de Lamar, quien, enamorado, sentencia que su mejor versión aparece al mirar a su pareja; XXX (a dueto con Bono, de U2) contiene una variabilidad de flows que no son nada usuales para el minutaje de su duración. En resumen, DAMN es una compilación musical interesante que debes escuchar cuanto antes.

A quien corresponda: quiero hacer contigo lo que Lamar hace con el rap <3

DAMN (full album):
·               ¿Qué leer? Cómo funciona la música, de David Byrne
Hace años que dejé de creer en los Reyes Magos, y por consiguiente a recibir regalos de ellos. Sin embargo, este año, sin pedirlo ni esperarlo, me trajeron uno de los mejores libros que he leído en mi vida, y el cual quiero recomendarles ampliamente. ¿Quién no conoce a The Talking Heads, aquella banda de new wave, e histórica en la escena pospunk neoyorquino, formada a mediados de los setenta y disuelta a principios de los noventa, con ocho excelentísimos discos, y de la que se desprende el trabajo musical de David Byrne, quien suma la cantidad de 23 producciones discográficas como solista? Encima de todos estos números sofocantes, Byrne también ha destacado como compositor, cineasta, actor y escritor. De esta última faceta ya tuve la oportunidad de leer Diarios de bicicleta (2017 [2009]), y recientemente Cómo funciona la música (2017 [2012]), ambos publicados por Sexto Piso.

      Cómo funciona la música, contiene la vida de David Byrne: la música. En sus páginas, el autor brinda un recorrido histórico y científico documentado, no sólo de sus anécdotas biográficas como músico, si no de la música en general, misma que considera como una de las artes tan complejas como cercanas a los seres humanos. Esta amplia visión tiene un punto de partida: ¿cómo la tecnología ha afectado/transformado la forma en que se produce, y escuchamos, la música? Reflexión que dota a Byrne para realizar un análisis concienzudo de todo lo que implica la música en un entorno cotidianizado.

      En lo histórico y científico, el punto de partida es el sonido y su descubrimiento, su evolución y compresión que llevó a la estructuración de melodías, ritmos y lo que, hoy en día, conocemos como canciones. El libro también tiene una clara división entre la música análoga y no grabada, su condición efímera, y la tecnología que generó un impacto en ella, en su grabación, producción, reproducción y portabilidad. ¿Cómo es que llegó la música, de las cavernas y rituales al Spotify, por ejemplo? ¿Verdad que imaginarlo, luego de leerlo, hace sentir que la gravedad nos sumerge en nuestro asiento?

      Otras de las maravillosidades de este texto son, por un lado, el sinfín de referencias musicales que Byrne nos aporta, y por otro, que su redacción es ligera, nada de complicaciones ni intensidades. En este viaje leíble, el autor también se da a la tarea de mostrar, desde su rol como músico, compositor y productor, el lado mercantil y oscuro de la música, así como sus implicaciones en la escena musical (estudios, conciertos, compañías y duración). Argumentando la primera maravillosidad de este párrafo, y como consejo de lector a lector, para leer Cómo funciona la música, deben darse tiempo durante su revisión para explorar y conocer las referencias musicales comentadas por David Byrne, ya que es una guía contextualizadora de que lo él quiere expresarnos.

Sin duda alguna, todo aquel que se considere melómano, o que esté en formación, debe tener un ejemplar en su librero. Gracias a quien corresponda, por el regalo <3

Para todxs aquellxs que no leyeron la primera entrega de Bricolaje, aquí les dejo el link:


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