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Hacerlo con amor

Por: Fabio Colonna 




Para cualquier disciplina artística, uno puede escribir, filmar, fotografiar, pintar, dibujar, componer, etc, improvisando o experimentando. Hay un sin fin de posibilidades y maneras en la que una idea se pueda desarrollar, llámalo luz de inspiración o sin saber que querías hacer y sale algo. Al momento de crear, no hay limitaciones ni reglas; todos los proceso creativos son valiosos. Sin embargo, cuando uno utiliza el arte como un medio para expresar un sentimiento, una historia, una emoción, se vuelve muy catártico.

Muchos de nosotros, tal vez no seamos tan buenos hablando, o sentimos que las palabras se nos quedan cortas. Puede ser porque no escogemos las letras adecuadas, por pena o porque no estructuramos la emoción para poderla comunicar. Sin embargo, las disciplinas artísticas ofrecen un camino para descargar eso, que no puedes hacerlo con palabras, durante una conversación. Esto resulta muy satisfactorio, pues cuando encuentras la manera de expresarte, sientes que puedes ser escuchado.

Actores, cantantes, cineastas, pintores, fotógrafos, bailarinas, músicos, etc, han logrado sublimar dolores muy fuertes y las han convertido en arte. Esto resulta muy hermoso, porque puedes sentir lo que la otra persona sintió; claro siempre y cuando esté bien hecho. Como decía un maestro, hay música que llega al tímpano, y hay música que llega al alma. Esto es la diferencia entre obras artística que se hacen para venderse como un producto, que siguen una estructura de molde con fines lucrativos. Sin embargo, el arte que tiene la intención de expresar algo, algo honesto, algo que siente y representa al autor, es un arte más profundo. “Tears in Heaven” fue una canción escrita, tras la muerte de Conor, el hijo de Eric Clapton. ¿Después de una perdida tan fuerte, quienes de nosotros hubieran podido convertir eso en arte? Clapton convirtió ese dolor en una obra de arte.

Requiere de mucho valor y madurez, poder expresar un acontecimiento tan importante, ya sea negativo o positivo, y que no sólo se quede en una vivencia o en algo personal. El poder traducir y comunicar una emoción es diferente, pues no hay tantas reglas para hacerlo, como las podemos encontrar en el lenguaje. Es una gran manera para compartir lo que sentimos, y más allá; es para ti mismo. El arte imprime eternamente las emociones. Así que cuando pasa el tiempo y regresas, podrás recordar en qué pensabas cuando realizaste aquella obra.

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